Stmo. Cristo del Amor

Fue realizado por Ramón Chaveli en 1939 y bendecido el 22 de febrero del año 1940. En 1983 se restauró por Don José Guerra Carretero, el cual, donó la cruz arborea con la que actualmente procesiona cada Martes Santo, la cruz lleva cantoneras de plata de ley cinceladas y sobredoradas en oro fino por el sevillano taller de Orfebrería Mallol, donadas por la Camarera del Santísimo Cristo del Amor Doña María del Carmen Gutiérrez Jalón. Las anteriores se perdieron en el incendio de 1981 y se realizaron en 1956. Es un crucificado que responde a los modelos barrocos, por lo que se ha definido como neobarroco. Es un Cristo de volúmenes muy formados y de gran dominio de la composición. El rostro es de facciones serenas, aunque hace la cabeza un giro ligeramente violento, para evidenciar que está muerto, lo que se confirma además por la manera que pende, colgante del madero.

Las facciones son típicas Chavelinas: ojos grandes, observándose la cornea (lo que demuestra su conocimiento de la anatomía humana y su experiencia en este ámbito); nariz recta y larga, de orificios nasales más bien pequeños :boca entreabierta, en actitud de haber emitido el último suspiro, el cuerpo es atlético y musculoso, lo que es una característica que está presente en otros crucificados del siglo XX de Jerez. El neobarroquismo se expresa por la iconografía que mantiene nuestro Cristo del Amor: El rostro es sereno, pero cuerpo aparece desplomado, lacerado, colgante. La corona de espinas gruesas y  rudas que rodea la cabeza de este Cristo, realizada a modo de lanzada, tallada al nivel de la bóveda craneana, es considerada muy barroca. Los cabellos están magníficamente tallados, a base de crenchas compactas y largas, consiguiendo en ellos intensos juegos de claroscuros. Tiene el Cristo abierto el costado, del que brota abundante sangre, y la ley de la gravedad le ha puesto los brazos en tensión, de tal manera que el espectador nota el desplome de todo el cuerpo. El paño de pureza es complicado, con abundancia de pliegues y está entrelazado en ambos extremos. El Cristo del Amor es uno de los crucificados mejor conseguidos de toda nuestra extensa imaginería procesional del siglo XX.

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